El tema de las pandillas se ha presentado en varios reportajes de televisión y unas cuantas revistas. Existen varios de estos grupos de personas, en su mayoría jóvenes, que lamentablemente terminan convirtiéndose en una de las mafias más peligrosas del mundo.
Los Latin Kings es una de las más conocidas no solo en el Ecuador si no también en el resto del mundo. Este es un grupo de jóvenes que se formaron en los Estados Unidos y Latinoamérica para defenderse de los abusos que recibían, por la discriminación racial.
Por asuntos de confidencialidad los nombres y lugares han sido modificados; pero “Cuco”, nuestro personaje, cuenta la verdadera historia de su vida y de cómo llegó a los Latin Kings.
¿Qué fue lo que te llevo a ser parte de los Latin Kings?
Mmm… Cada vez que pienso en eso me traslado al pasado y empiezo a recordar cuando tenía cinco años, edad en la que empecé a perder el sentido sobre lo que es el dolor y la soledad.
Cinco años ¿Por qué a tan corta edad?
Para aquel tiempo mi madre se había casado con “Cristóbal”, él era un puertorriqueño. Mi madre nos dejaba a mis hermanas y a mi donde mi tía, que vivía con sus cinco hijos, cada vez que los dos salían de “luna de miel”.
Por algún motivo que jamás entenderé, mi tía dejaba que sus hijos nos dieran palizas brutales. Nadie los castigaba, de hecho, recuerdo que los adultos se reían de los golpes que nos metían.
¿Crees que las agresiones que recibías de tus primos influyeron en que ahora seas parte de los Latin Kings?
Si, al menos eso creo, pues “Alberto”, el mayor de los primos solía mandar a sus hermanos pequeños para que nos golpearan. Era un tipo muy enfermo, le fascinaba vernos terminar como una masa sanguinolenta revolcándonos en el piso.
¿Ocurrió algo más, con Alberto?
Mmm… la verdad, si. Mi casa se encontraba a unos cien metros ladera abajo de la casa de mi tía, en el barrio de Solanda, como mi madre estaba ausente se encontraba vacía durante esos días. Una mañana, Alberto me convenció para que vayamos a jugar en la casa y prometió que me regalaría una pistola y me enseñaría a jugar tiro al blanco.
Yo muy emocionado lo acompañe, me dijo que la pistola se encontraba en la mesa de la cocina y que fuera a verla para empezar a jugar. Corriendo me dirigí hacia la mesa pero no encontré nada. Al voltear, Alberto se encontraba allí, detrás de mí. Me sujetó violentamente y me arrastró al cuarto de mi madre donde finalmente me violó.
Luego de unos minutos, cuando la terrible experiencia había terminado, el salió de la habitación mientras yo me quede inmóvil al borde de la cama, regresó con un trapo para limpiarlo todo. Cuando terminó me amenazó: “Si dices algo, te mataré como a un perro”, me dijo.
Me comentabas que por tu padrastro terminaste en los Estados Unidos ¿Cómo fue tu experiencia en ese país?
Nos mudamos por el trabajo de Cristóbal. Yo tenía siete años y empecé a estudiar en la escuela estatal de Humboldt Park.
Ahí me sentí mas libre ya que logré hacer muchos amigos, aunque Cristóbal pasaba golpeándome hasta sangrar. A mis 9 años conocí a Noel, un mexicano que me guió en la vida de la calle y me presentó a “los duros” de la zona.
Durante los días de escuela observábamos a los chicos de grados superiores reunirse para beber cerveza y fumar unos cigarros muy costosos, que después supe de qué estaban hechos.
Estos chicos pertenecían a una pandilla llamada los Latin Disciples (Discípulos Latinos) lo que más me llamó la atención eran las chicas guapas que acostumbraban pasar con ellos y eran muy condescendientes en cuanto a sus mas retorcidos deseos. Luego en otra escuela a la que asistí en Tuley (Chicago) conocí a Paco, uno de los integrantes de la pandilla local llamados los Spanish Lords.
Fue ahí cuando a mis 11 años entre en el mundo de las pandillas por el deseo de ser como los demás y de encajar en el grupo. Al poco tiempo me inicié en las drogas y el alcohol.
¿Qué tuviste que hacer para que te aceptaran en los Spanish Lords?
El día de mi iniciación, faltamos a clases de gimnasia con Paco, él me llevo al lugar donde se reunían y entró primero. Luego de un momento de espera puede pasar, al ingresar una intensa nube de humo con el olor característico de la marihuana me limitaba la vista.
Mientras, pasaba el tiempo nuestra pandilla crecía y se involucraba con las más fuertes de Chicago, todos los que formábamos parte de ellas proveníamos de familias hispanas.
Así nuestros integrantes aumentaban y nuevas pandillas se asociaban con nosotros; las que inculcaban a los jóvenes lo que sus padres no conseguían darles: el sentido de pertenencia a un grupo.
Al llegar a los Latin Kings tenía ya 17 años de edad, me había convertido en parte de una industria que mueve miles de millones de dólares y da trabajo a muchos miembros del sistema de justicia. Cometí mi primer asesinato, obtuve mi primer trabajo en el narcotráfico y negociaba directamente con los federales para dividir las ganancias del delito.
¿Por qué decidiste volver al Ecuador?
Regresé al Ecuador cuando tenía 22 años, pues necesitaban de una cabecilla para la pandilla de los Latin Kings y decidí volver, creo que con la esperanza de que acá todo sería mejor.
Dejé atrás todo el maltrato propinado por mi familia, las violaciones que cometí, los asesinatos, el tráfico de drogas y mis problemas con la ley; matándolos a todos en mí mente con un tiro a quemarropa.
¿Cómo ha sido tu vida desde que llegaste al Ecuador?
No he podido dormir desde que llegue a Ecuador, las pesadillas atormentan mi mente por las noches, las palizas que me daban de pequeño, las puñaladas, los disparos que recibí y propine, y todos esos momentos de alcoba que iniciaron cuando tenía penas 14 años de edad.
La muerte se hizo parte de mí, ahora me siento más solo que nunca pero estoy seguro que así moriré, lo llevo tatuado en mi rostro. Pues como me Dijo Spanky antes de que le pegaran un tiro en la frente, una vez que eres “Latin King lo serás para siempre”.
