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DISCORDANCIA EN ECOLOGISMO DEL SIGLO XXI

21 Ago

Con el revuelo del Yasuní ITT, la explotación petrolera, los activistas, la pacha mama y el internet; me he visto inspirada por mis seguidores y amigos de facebook ha realizar un breve recuento histórico de los desastres naturales y sociales que han causado la extracción del oro negro en la selva ecuatoriana.

Sin irnos muy lejos, los campos de Sacha y Shushufindi son los más antiguos de la Región Amazónica Ecuatoriana. Fueron operados a partir de 1969 (Shushufindi) y 1971 (Sacha), sucesivamente por el consorcio Texaco-Gulf, luego Texaco-Gulf-CEPE y Texaco-CEPE, hasta que Petroecuador asumiera sus operaciones en 1992. A mediados de la década del ochenta, estos dos campos acumulaban el 74% de la producción total del consorcio CEPE-Texaco, mientras que el 26% de la producción restante salía de otros 12 campos.

En el área operada por Texaco hasta 1992, el 80% de las demandas o reclamos presentados por las organizaciones sociales fueron la contaminación – vinculada con las prácticas de las empresas o provocada por accidentes en el ciclo de producción. La colonización humana consecutiva al desarrollo de las actividades petroleras en el Nororiente es la causa del alto nivel de deforestación en la zona. De hecho, a finales de la década del noventa tan sólo el 61,2% de la provincia de Sucumbíos estaba constituida por montes, bosques o páramos. El resto de los suelos eran explotados en cultivos permanentes, transitorios o barbecho (20,7%), pastizales (16,7%) u otros (1,4%). Así mismo, el 58,3% de la provincia de Orellana estaba constituida por montes y bosques. El resto eran explotados en cultivos permanentes, transitorios o barbecho (26,1%), pastizales (14,7%) u otros (0,9%). Datos sacados de las estadísticas del Tercer Censo Nacional Agropecuario de 1999.

En fin, a la salida de Texaco, todos los indicadores socio económicos de desarrollo de Sucumbíos quedaban por debajo de los promedios nacionales, en contraste con la bonanza petrolera de la época. En Sucumbíos se concentraba la mitad del PIB regional pero la esperanza de vida era un año menor al promedio nacional (63 contra 64). El personal de salud apenas representaba 11,3 por cada 10.000 habitantes contra cerca de 30 en el nivel nacional. La tasa de mortalidad infantil alcanzaba el 62,6% contra el 53,2% en el nivel nacional. El analfabetismo funcional superaba el 30%, contra el 25% para el país. Menos del 9% de las viviendas tenían acceso a una red de alcantarillado, contra 39,5% para el país. Menos del 40% tenían acceso al servicio eléctrico, contra el 77,7%. Apenas el 5,5% de los hogares disponían de agua entubada, contra el 38,2%. Sin duda los réditos del petróleo no servían mas que para enriquecer multinacionales extrajeras y pequeños grupos sociales de la élite.

Por otra parte, el volumen total derramado en la Amazonia ecuatoriana durante este periodo alcanzaba 32.611,5 barriles, de los cuales se recuperaron el 77,1%, es decir 25.141,5 barriles. Ello representa un volumen derramado de 304,8 barriles por mes durante 9 años. En 34 oportunidades, se observaron volúmenes mensuales superiores o iguales al nivel promedio. En 10 oportunidades, se contabilizaron promedios mensuales comprendidos entre 400 y 1.000 barriles; en 2 oportunidades (03/1999 y 05/2000) se registraron volúmenes superiores a 1.750 y 2.500 barriles. En una oportunidad (05/1996) se reportó un volumen superior a 10.000 barriles.

Cabe añadir que, en los últimos años, el intento de robo de tubería se convirtió en una fuente frecuente de derrames. Según información proporcionada en la Oficina de asesoría legal de Petroproducción, entre 1997 y 2002, las denuncias por robo y hurtos relacionados con el tema sumaron 122 casos, entre los cuales 14 en Sacha y 35 en Shushufindi. Se registraron 8 denuncias en 1997, 13 en 1998, 20 en 1999, 9 en 2000, 47 en 2001 y 25 en 2002. Sin embargo, pocas desembocaron en procesos judiciales, ya que se registraron 32 procesos en trámite por este tipo de delito (1 en 1998, 20 en 1999, 10 en 2000 y 1 en 2003).

Pero todos estos impactos socio-ambientales de la “era Texaco” pasaron desapercibidos para la población ecuatoriana hasta inicios de los noventa, es decir cuando finalizó el contrato de explotación y Petroecuador se convirtiera en operadora de estos campos. La primera investigación sistemática sobre aquella huella ambiental se debe a Judith Kimerling, una abogada estadounidense radicada entonces en Ecuador, asesora jurídica de la Federación de Comunas Unión Napo de la Amazonía Ecuatoriana (FCUNAE) para la delimitación de predios. Según este informe, los 30 derrames más graves del SOTE (Sistema del Oleo-ducto Transecuatoriano) ocasionaron la pérdida de 403.200 barriles, a los que se suman 456.000 barriles de crudo y 450 millones de barriles de aguas de formación vertidos al medio ambiente.

El 20 de abril 2002, se genera un accidente en las obras de construcción de la vía Sacha-Coca bajo el gobierno de Lucio Gutierrez, a cargo de la empresa Consermin. Tras un choque de una retroexcavadora contra una válvula de drenaje, se derramaron 400 barriles, contaminando al río Alto Huamayacu. Además, los trabajos de limpieza enfrentaron demoras debido al paro y las fuertes lluvias. De hecho, en una carta a Petroecuador, con fecha 21 de octubre 2002, los moradores reclamaban que se culmine con la limpieza del derrame. Llegaron a un acuerdo, sin que se pagara mayores indemnizaciones a los afectados.

En consecuencia, surgió un conflicto en el sector Entrada a la Cordillera (San Carlos) el 5 de mayo 2003, durante la rehabilitación del pozo Sacha 2B. Al remover el suelo, la maquinaria reventó una piscina taponada, contaminando un estero de uso doméstico y el río Basul. En ese momento, los moradores presentaron reclamos ante la DINAPA (Dirección de Protección Ambiental) y el Superintendente del Distrito Amazónico, pero al decir de ellos, éstas quedaron sin respuesta satisfactoria:
Nos fuimos directamente, enviamos la denuncia del daño que habían hecho […] le solicitamos a los señores de Petro que nos den agua para beber […] tanta demanda, tanta cosa hicimos. […] Lo que dice Petro es una cosa y lo que hace es todo lo contrario. Desde que salió inclusive Texaco de aquí, Petro ha producido más daños y muchos más desastres que la misma Texaco. Pero esto no es lo que están diciendo, jamás. Entonces a cada rato hay derrames, hay ruptura de tubos, hay contaminación de pantanos, de ríos, de esteros en gran magnitud. Pero como es empresa estatal, como están la misma gente vinculadas con las leyes y todo, no hay quien diga nada. Estas fueron palabras de Pablo Fajardo, expresidente de Comisión por Derechos Humanos de Shushufindi y asesor jurídico del Frente de Defensa de la Amazonía, 06/2003.

Si bien es cierto la iniciativa Yasuní ITT fue del gobierno de la revolución ciudadana y se ha querido comprometer al resto de países del mundo en esta campaña sin lograr su objetivo. Muchos jóvenes nos hemos puesto la camiseta y estamos haciendo conciencia de nuestro impacto en el planeta, jóvenes que rechazamos rotundamente la decisión de sacar el oro negro del ITT; pero, no reciclamos, no ahorramos energía, ni el consumo de papel, los incendios forestales son por la basura que arrojamos, el smog por la quema del petróleo en nuestros autos, el aumento del parque automotor e inclusive si la tan aclamada consulta popular se llegare a dar, miles de árboles serán talados para las papeletas y los recursos económicos del país se verán perdidos.

Por el contrario, alguien se le ocurrió pensar en la gente nativa de esos pueblos, qué piensan ellos al respecto. La vida de las especies endémicas y de los pueblos no contactados merece ser decidida en una consulta exigida por los citadinos, peor aun, ser aprovechada por los políticos de la oposición manchando un movimiento social con populismo, personas que no tenemos idea de la vida en la Selva Amazónica y de los genocidios vividos por las explotaciones petroleras. Esta cuestión del Ecologismo del Siglo XXI, un poco contradictoria pero tan valida en ideología, cuenta con un discordancia abrumadora. Hagamos un recuento:

En el Parque Nacional Yasuní (PNY) existen 5 bloques petroleros: 14, 16, 17, 31 e ITT. Los bloques 14, 16 y 17 son explotados hace años y en enero de 2012, el gobierno dio luz verde para que Petroamazonas explote el bloque 31. Ahora se aprueba la explotación en su campo hermano, el ITT. En cierto modo, se habla ahora de una explotación responsable, lo cual es respetable, Rafael Correa se ha comprometido a vigilar que la explotación sea con el menor impacto ambiental. Esperamos cumpla con su promesa sin que surjan novedades como las que han pasado en nuestro oriente amazónico. El mismo lo ha manifestado, se trata de tomar decisiones responsables sobre la explotación sin pensar en las próximas elecciones sino en las próximas generaciones.

Campos de explotación petrolera en el Yasuní.

Campos de explotación petrolera en el Yasuní.

Es comprensible que con la crisis económica mundial, a los países más afectados les interese poco la iniciativa ecológica del Ecuador. Si bien es cierto el fin no justifica los medios, el petróleo es un recurso que se encuentra en nuestro país y ahora que los ecuatorianos estamos avanzando gracias a éste, seria irracional no utilizarlo teniendo tantas necesidades. Sabemos que el país necesita de este recurso, conocemos que el petróleo en poco tiempo se acabará y que ha sostenido al Ecuador durante la crisis mundial. Será razonable tener el pan guardado y no dar al hambriento por miedo a perder el pan, sacrificar el bienestar social por el natural y de los grupos endémicos.

Quiero ser lo más objetiva en el asunto para generar un criterio en base a la información ¿No será mejor que esa responsabilidad por el planeta y por nuestro país empiece por nuestros hogares? Sin dejar de parecerme un tanto ridícula la propuesta de la eliminación de medios impresos, la misma tiene un gran asidero ecológico; de igual manera toda regulación para la elaboración de papel, plásticos y tecnología, sin embargo nuestra sociedad no puede prescindir de ellos, al igual que el Ecuador no esta listo para renunciar al petróleo.
Estoy segura y se a demostrado, que las nuevas generaciones vienen con mayor conciencia ecológica, depende de nosotros inculcar ahora este gran valor y amor por la madre tierra. Es un proceso necesario del que se ha venido hablando por años y nadie a prestado atención hasta el día de hoy, nunca es tarde para empezar, con tu ejemplo desde casa; no sobreponiendo al humano sobre la naturaleza o viceversa sino generando una armonía, un correcto funcionamiento entre especies y el mundo en el que habitamos.

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La Concordia: sabor a incertidumbre y muerte

12 Dic

Al empezar el viaje en busca de una historia, proyectamos una ruta para llegar hacia un tema específico; nos planteamos que es lo que se va a preguntar y que se espera obtener de las entrevistas mientras llevamos bajo el brazo derecho, una profunda investigación histórica del lugar a donde vamos. Pero el destino es tan inesperado que de repente cambia todo lo planeado y te lleva a conocer un mundo totalmente diferente, lleno de incertidumbre, y es ahí cuando sientes que el corazón se te acelera y la adrenalina comienza a recorrer cada centímetro de tus venas, aun más, cuando tu vida puede acabar en un segundo. Es en ese momento cuando empiezas a sentir al periodismo correr en el afluente encarnado y poseer cada parte de tu cuerpo.

Llegando a la provincia de Santo Domingo decidimos hacer una parada en La Concordia para tomar un poco de fuerzas e ingerir algún alimento, la tarde llegaba a su final, la noche se hacía presente con una gama de colores en el cielo; esperábamos a Servio en un pequeño bar de la zona, él era el personaje que nos llevaría a conocer a los Shamanes de la provincia de los Tsáchilas. El objetivo principal de mi viaje era contar la historia de la cultura Shamanica y sus rituales, entre ellos el consumo de la ayahuasca. En medio de la espera pude observar que la mayoría de los concordenses eran jóvenes y adolescentes, las muchachas,muy bellas por cierto, ya llevaban niños en brazos; y los chicos, se preparaban para la jornada de sábado por la noche. El medio de transporte que predominaba en el pueblo eran las motos o motonetas, lo peculiar de éste, era que en la misma moto se veía a una familia completa trasladarse.

Corría el tiempo, Servio acababa de llegar, al sentarse pedimos unas cuantas cervezas y mientras iban rodando los vasos observaba a la gente pasar en sus motos y a las chicas deambular en las calles con ropa corta, que ameritaba por el calor. Inesperadamente se estaciona una moto color rojo junto a nosotros y el conductor llama a Servio:
– Oye pana, nos bajamos a unos cuatro que nos jodían la vida, te aviso por si pasan los cerdos.
– ¿Qué fue lo que pasó? – preguntó Servio.
– Nada loco, ese man se rió de mi, y pagaron los otros panas, ya mismo pasa una camioneta para recogerlos e irlos a botar por el monte.
– Bueno brother, cualquier cosa me avisas, que estoy aquí con unos amigos.

El sujeto subió a su moto y aceleró hasta perderse en la transversal. En ese momento, me di cuenta que la cosa se ponía más interesante y decidí indagar sobre los asesinatos. Al voltear la mirada vi pasar una camioneta Toyota antigua color verde oliva, cargada de cadáveres en su parte trasera, uno de ellos yacía como dormido y llevaba puesto ropa de militar. Mi hermano Pedro, fue el primero en impresionarse ya que era su primera experiencia con un muerto en vivo y en directo. Servio se sentó con nosotros de nuevo, nos encontrábamos mi hermano Pedro, mi colega Rodrigo, Servio y yo, sentados en una mesita de bar en la vereda de la calle principal de La Concordia. ¿Qué fue lo que pasó? le pregunté:
– Lo de siempre, mis panas ya le dieron el vire a unos manes y esa camioneta pasaba a recoger los cuerpos – respondió Servio.

No lograba entender como se podían dar este tipo de situaciones, sin que la policía tome cartas en el asunto y los asesinos sigan por ahí, como si nada. Servio comentaba, que La Concordia es tierra de nadie, no hay Dios ni ley, únicamente el juicio de cada uno por hacer lo que cree correcto o “justo”. La mayoría somos jóvenes, yo por ejemplo tengo 18 años y dos hijos, pero como aquí todos me conocen no les pasará nada, tu tranquila; comentó Servio mirando mi expresión de angustia y preocupación, principalmente por mi hermano menor.

Yo no podía estar serena, me invadía el deseo de averiguar más sobre aquel pueblo, que aparentemente estaba lleno de sorpresas y de terror, combinado con una preocupación enorme por la vida de mi hermano y de mi colega. El miedo de perder en un segundo la vida, me impedía en ciertos períodos investigar más sobre el tema, pero poco a poco lo fui ignorando. Debía tomar decisiones en aquel momento, así que resolví arriesgarme y averiguar toda la información posible acerca de aquel pueblo y sus habitantes.

Bueno eso si te digo, si cae un muerto a tu lado, tú sigue con lo tuyo, como si nada estuviera pasando, me decía Servio con tal naturalidad mientras la adrenalina en mi organismo iba aumentando; en esos momentos de nerviosismo recordé un libro que había leído semanas atrás, Dígame Guerrillero de Fernando Villarroel, su recuerdo fue tal, que resonó en mi mente la más profunda incertidumbre sobre si encontraría mi historia y saldríamos con vida de aquel lugar o quedaríamos en la acera con un par de tiros en la frente; porque si regresas a ver pensarán que conoces al muerto y de paso te van matando a ti sin dejarte ni pestañar, concluyó.

Las cosas se iban poniendo cada vez más tensas, aun así mi instinto me mantenía sagaz deseando saber más de La Concordia. Caminamos hacia la plaza donde se encontraba una feria llena de luces, ruedas moscovitas, todo tipo de distracciones y juegos mecánicos; analizaba a cada una de las personas sin poder evitar estar alerta, era un instinto de supervivencia que me invadía. Servio explicaba que por ser tierra de nadie, como nacían morían, las enfermedades venéreas abundaban y los niños ya eran parte del basto paisaje de púberes jugando a ser padres. En la plaza había una edificación alta de cemento solido, de la cual se podía ver en plenitud todo el pueblo, subí hasta la punta y me quede anonadada por la sorprendente vista del follaje natural que acompañaba al poblado, además de una maravillosa puesta de sol. Aun no podía entender como en un lugar aparentemente sereno y conectado a la tierra madre, se derramara tanta sangre y se viviera como en la antigua Sodoma y Gomorra.

Mientras caía la tarde ofreciéndonos un espectáculo natural inolvidable, el cielo se tornaba violáceo combinado con un tono rojizo que bordeaba las nubes. Eternizaba el momento disfrutando de la vista hasta que baje la mirada y advertí como levantaban dos cuerpos sin vida de la calle contigua a la plaza, me dio mucha curiosidad y quería ir a ver de que se trataba, pero Servio manifestó que solo él podía informarme de todo y mirar hasta donde mis ojos alcanzaren, pues acercarme a los cuerpos era demasiado arriesgado.

Servio Samaniego es un chico soltero de 18 años, con dos hijos gemelos de dos años de edad respectivamente, trabaja en La Concordia vendiendo municiones para las armas de fuego que todos sus habitantes poseen, incluyendo a los policías. Servio desarrollaba una gran destreza mercantil con las municiones, compraba paquetes de 100 balas, a 50ctv la unidad, y posteriormente las vendía a 1.50ctv cada una. Con esto alimentaba a sus hijos, y se daba los lujos que quería.

Aquí nadie anda cargado, pero si no estás fresco van a sus casas sacan la chispa, regresan y te matan, ¿Qué es no estar fresco?, le pregunté. Verás, aquí todos chupan y duro, entonces si alguien se te acerca a ofrecer un vaso de trago y tú no lo aceptas ya no estás fresco y te matan.

Era increíble lo que estaba escuchando en ese momento, los habitantes de La Concordia, en su mayoría, son jóvenes que viven en libertinaje, el consumo de alcohol es masivo además de otras substancias como: la marihuana, cocaína y base de cocaína, es lógico que sin ley, tomen la decisión de matarse entre ellos mismos, por la simple razón de alguien “no está fresco”.

Era el momento de partir hacia el pueblo de Las Villegas, ya que el ambiente se ponía más pesado durante la noche. Las Villegas es un pueblo alejado ubicado a 25 minutos de La Concordia aproximadamente. Al llegar, se sintió inmediatamente el cambio, Villegas era la tierra de los viejos; todos los que ya se ponen en edad en la Concordia deciden trasladarse a los pueblos cercanos, y así evitar conflictos, claro está, como dice el dicho popular: lo que se aprende no se hurta.

Me senté en la mitad de la principal del pueblo Las Villegas, en una banca colocada por la reina del pueblo hace algunos años; ubicada junto a mi hermano Pedro invadiéndonos el silencio de un pueblo muerto, ninguno de los dos se atrevía a pronunciar palabra, nos limitamos a procesar toda la información que recibimos de aquel prototipo de Sodoma y Gomorra ecuatoriano; la mudez de ambos nos hacia comprender lo impresionados que estábamos en esos momentos, minutos más tarde y esperando a mi colega que terminara de comprar en el bazar pueblerino Rosita, se sentaron dos señores mayores a nuestras espaldas, uno de ellos con una botella de cerveza y un vaso en las manos, bromeando con matarse por cada vaso de cerveza que ingerían entre gritos y carcajadas.

Cinco minutos después apareció mi colega con la misma expresión de incertidumbre que nos invadía a Pedro y a mí. Al caminar por aquel pequeño pueblo, lo primero que me llamo la atención, fue un costal con carne muerta, no logré determinar si era de un animal o una persona, pero parecía ser de un ser humano, Servio me decía que costales como esos aparecían por doquier y permanecían hasta que se fermentaran pues nadie los tocaba, pasamos por aquel lugar en tres ocasiones, no podía dejar de analizar aquel bulto sanguinolento, alcanzando a notar que todos los moradores de la zona me miraban con desconcierto e incomodidad, después de lo ocurrido hasta ese momento decidí ser prudente y no indagar más sobre aquel fardo en medio de la vía.

El cementerio del pueblo es un sitio muy concurrido ya que cada día se entierran aproximadamente seis muertos, 42 muertos a la semana y 168 muertos al mes. Una cantidad impresionante considerando que el pueblo es pequeño y que estas cifras solo son las de los cuerpos encontrados y reconocidos. Marco, un pintor de cruces comentaba que el tiene trabajo los 365 días del año y que los muertos ya no son un asombro sino algo cotidiano en La Concordia, a los muertitos los velan y los traen a sepultar en el cementerio de Las Villegas, indica Marco.

Es perceptible que entre tanto asesinato a sangre fría se sienta una energía muy fuerte en este lugar, almas ambulantes pidiendo justicia, espíritus de inocentes niños perdidos en el limbo; como el caso de la familia Rodríguez, primero mataron a Juan, el hermano mayor, en un ajuste de cuentas, en su velorio mataron el hermano menor y por si fuera poco acabaron con toda la familia entre abuelos, primos, sobrinos, bebes en brazos de madres adolescentes; sin piedad y por venganza les privaron del derecho de la vida.

Fue llegando la hora de dejar atrás a Las Villegas y La Concordia, al llegar a la estación de buses, un imprevisto casi nos deja en la Concordia un día más, pero apelando una vez más al destino, partimos esa noche de domingo para la capital, quizás nuestra vida estuvo en riesgo, quizás no, pero la historia y la experiencia que nos dio ese pueblo, no la va a borrar ni el tiempo, ni la muerte inesperada. Esta es una historia más hecha reportaje que el destino se encargó de brindarnos, a través de mis ojos, las fotografías y cada una de las letras plasmadas en el presente escrito.