Al empezar el viaje en busca de una historia, proyectamos una ruta para llegar hacia un tema específico; nos planteamos que es lo que se va a preguntar y que se espera obtener de las entrevistas mientras llevamos bajo el brazo derecho, una profunda investigación histórica del lugar a donde vamos. Pero el destino es tan inesperado que de repente cambia todo lo planeado y te lleva a conocer un mundo totalmente diferente, lleno de incertidumbre, y es ahí cuando sientes que el corazón se te acelera y la adrenalina comienza a recorrer cada centímetro de tus venas, aun más, cuando tu vida puede acabar en un segundo. Es en ese momento cuando empiezas a sentir al periodismo correr en el afluente encarnado y poseer cada parte de tu cuerpo.
Llegando a la provincia de Santo Domingo decidimos hacer una parada en La Concordia para tomar un poco de fuerzas e ingerir algún alimento, la tarde llegaba a su final, la noche se hacía presente con una gama de colores en el cielo; esperábamos a Servio en un pequeño bar de la zona, él era el personaje que nos llevaría a conocer a los Shamanes de la provincia de los Tsáchilas. El objetivo principal de mi viaje era contar la historia de la cultura Shamanica y sus rituales, entre ellos el consumo de la ayahuasca. En medio de la espera pude observar que la mayoría de los concordenses eran jóvenes y adolescentes, las muchachas,
muy bellas por cierto, ya llevaban niños en brazos; y los chicos, se preparaban para la jornada de sábado por la noche. El medio de transporte que predominaba en el pueblo eran las motos o motonetas, lo peculiar de éste, era que en la misma moto se veía a una familia completa trasladarse.
Corría el tiempo, Servio acababa de llegar, al sentarse pedimos unas cuantas cervezas y mientras iban rodando los vasos observaba a la gente pasar en sus motos y a las chicas deambular en las calles con ropa corta, que ameritaba por el calor. Inesperadamente se estaciona una moto color rojo junto a nosotros y el conductor llama a Servio:
– Oye pana, nos bajamos a unos cuatro que nos jodían la vida, te aviso por si pasan los cerdos.
– ¿Qué fue lo que pasó? – preguntó Servio.
– Nada loco, ese man se rió de mi, y pagaron los otros panas, ya mismo pasa una camioneta para recogerlos e irlos a botar por el monte.
– Bueno brother, cualquier cosa me avisas, que estoy aquí con unos amigos.
El sujeto subió a su moto y aceleró hasta perderse en la transversal. En ese momento, me di cuenta que la cosa se ponía más interesante y decidí indagar sobre los asesinatos. Al voltear la mirada vi pasar una camioneta Toyota antigua color verde oliva, cargada de cadáveres en su parte trasera, uno de ellos yacía como dormido y llevaba puesto ropa de militar. Mi hermano Pedro, fue el primero en impresionarse ya que era su primera experiencia con un muerto en vivo y en directo. Servio se sentó con nosotros de nuevo, nos encontrábamos mi hermano Pedro, mi colega Rodrigo, Servio y yo, sentados en una mesita de bar en la vereda de la calle principal de La Concordia. ¿Qué fue lo que pasó? le pregunté:
– Lo de siempre, mis panas ya le dieron el vire a unos manes y esa camioneta pasaba a recoger los cuerpos – respondió Servio.
No lograba entender como se podían dar este tipo de situaciones, sin que la policía tome cartas en el asunto y los asesinos sigan por ahí, como si nada. Servio comentaba, que La Concordia es tierra de nadie, no hay Dios ni ley, únicamente el juicio de cada uno por hacer lo que cree correcto o “justo”. La mayoría somos jóvenes, yo por ejemplo tengo 18 años y dos hijos, pero como aquí todos me conocen no les pasará nada, tu tranquila; comentó Servio mirando mi expresión de angustia y preocupación, principalmente por mi hermano menor.
Yo no podía estar serena, me invadía el deseo de averiguar más sobre aquel pueblo, que aparentemente estaba lleno de sorpresas y de terror, combinado con una preocupación enorme por la vida de mi hermano y de mi colega. El miedo de perder en un segundo la vida, me impedía en ciertos períodos investigar más sobre el tema, pero poco a poco lo fui ignorando. Debía tomar decisiones en aquel momento, así que resolví arriesgarme y averiguar toda la información posible acerca de aquel pueblo y sus habitantes.
Bueno eso si te digo, si cae un muerto a tu lado, tú sigue con lo tuyo, como si nada estuviera pasando, me decía Servio con tal naturalidad mientras la adrenalina en mi organismo iba aumentando; en esos momentos de nerviosismo recordé un libro que había leído semanas atrás, Dígame Guerrillero de Fernando Villarroel, su recuerdo fue tal, que resonó en mi mente la más profunda incertidumbre sobre si encontraría mi historia y saldríamos con vida de aquel lugar o quedaríamos en la acera con un par de tiros en la frente; porque si regresas a ver pensarán que conoces al muerto y de paso te van matando a ti sin dejarte ni pestañar, concluyó.
Las cosas se iban poniendo cada vez más tensas, aun así mi instinto me mantenía sagaz deseando saber más de La Concordia. Caminamos hacia la plaza donde se encontraba una feria llena de luces, ruedas moscovitas, todo tipo de distracciones y juegos mecánicos; analizaba a cada una de las personas sin poder evitar estar alerta, era un instinto de supervivencia que me invadía. Servio explicaba que por ser tierra de nadie, como nacían morían, las enfermedades venéreas abundaban y los niños ya eran parte del basto paisaje de púberes jugando a ser padres. En la plaza había una edificación alta de cemento solido, de la cual se podía ver en plenitud todo el pueblo,
subí hasta la punta y me quede anonadada por la sorprendente vista del follaje natural que acompañaba al poblado, además de una maravillosa puesta de sol. Aun no podía entender como en un lugar aparentemente sereno y conectado a la tierra madre, se derramara tanta sangre y se viviera como en la antigua Sodoma y Gomorra.
Mientras caía la tarde ofreciéndonos un espectáculo natural inolvidable, el cielo se tornaba violáceo combinado con un tono rojizo que bordeaba las nubes. Eternizaba el momento disfrutando de la vista hasta que baje la mirada y advertí como levantaban dos cuerpos sin vida de la calle contigua a la plaza, me dio mucha curiosidad y quería ir a ver de que se trataba, pero Servio manifestó que solo él podía informarme de todo y mirar hasta donde mis ojos alcanzaren, pues acercarme a los cuerpos era demasiado arriesgado.
Servio Samaniego es un chico soltero de 18 años, con dos hijos gemelos de dos años de edad respectivamente, trabaja en La Concordia vendiendo municiones para las armas de fuego que todos sus habitantes poseen, incluyendo a los policías. Servio desarrollaba una gran destreza mercantil con las municiones, compraba paquetes de 100 balas, a 50ctv la unidad, y posteriormente las vendía a 1.50ctv cada una. Con esto alimentaba a sus hijos, y se daba los lujos que quería.
Aquí nadie anda cargado, pero si no estás fresco van a sus casas sacan la chispa, regresan y te matan, ¿Qué es no estar fresco?, le pregunté. Verás, aquí todos chupan y duro, entonces si alguien se te acerca a ofrecer un vaso de trago y tú no lo aceptas ya no estás fresco y te matan.
Era increíble lo que estaba escuchando en ese momento, los habitantes de La Concordia, en su mayoría, son jóvenes que viven en libertinaje, el consumo de alcohol es masivo además de otras substancias como: la marihuana, cocaína y base de cocaína, es lógico que sin ley, tomen la decisión de matarse entre ellos mismos, por la simple razón de alguien “no está fresco”.
Era el momento de partir hacia el pueblo de Las Villegas, ya que el ambiente se ponía más pesado durante la noche. Las Villegas es un pueblo alejado ubicado a 25 minutos de La Concordia aproximadamente. Al llegar, se sintió inmediatamente el cambio, Villegas era la tierra de los viejos; todos los que ya se ponen en edad en la Concordia deciden trasladarse a los pueblos cercanos, y así evitar conflictos, claro está, como dice el dicho popular: lo que se aprende no se hurta.
Me senté en la mitad de la principal del pueblo Las Villegas, en una banca colocada por la reina del pueblo hace algunos años; ubicada junto a mi hermano Pedro invadiéndonos el silencio de un pueblo muerto, ninguno de los dos se atrevía a pronunciar palabra, nos limitamos a procesar toda la información que recibimos de aquel prototipo de Sodoma y Gomorra ecuatoriano; la mudez de ambos nos hacia comprender lo impresionados que estábamos en esos momentos, minutos más tarde y esperando a mi colega que terminara de comprar en el bazar pueblerino Rosita, se sentaron dos señores mayores a nuestras espaldas, uno de ellos con una botella de cerveza y un vaso en las manos, bromeando con matarse por cada vaso de cerveza que ingerían entre gritos y carcajadas.
Cinco minutos después apareció mi colega con la misma expresión de incertidumbre que nos invadía a Pedro y a mí. Al caminar por aquel pequeño pueblo, lo primero que me llamo la atención, fue un costal con carne muerta, no logré determinar si era de un animal o una persona, pero parecía ser de un ser humano, Servio me decía que costales como esos aparecían por doquier y permanecían hasta que se fermentaran pues nadie los tocaba, pasamos por aquel lugar en tres ocasiones, no podía dejar de analizar aquel bulto sanguinolento, alcanzando a notar que todos los moradores de la zona me miraban con desconcierto e incomodidad, después de lo ocurrido hasta ese momento decidí ser prudente y no indagar más sobre aquel fardo en medio de la vía.
El cementerio del pueblo es un sitio muy concurrido ya que cada día se entierran aproximadamente seis muertos, 42 muertos a la semana y 168 muertos al mes. Una cantidad impresionante considerando que el pueblo es pequeño y que estas cifras solo son las de los cuerpos encontrados y reconocidos. Marco, un pintor de cruces comentaba que el tiene trabajo los 365 días del año y que los muertos ya no son un asombro sino algo cotidiano en La Concordia, a los muertitos los velan y los traen a sepultar en el cementerio de Las Villegas, indica Marco.
Es perceptible que entre tanto asesinato a sangre fría se sienta una energía muy fuerte en este lugar, almas ambulantes pidiendo justicia, espíritus de inocentes niños perdidos en el limbo; como el caso de la familia Rodríguez, primero mataron a Juan, el hermano mayor, en un ajuste de cuentas, en su velorio mataron el hermano menor y por si fuera poco acabaron con toda la familia entre abuelos, primos, sobrinos, bebes en brazos de madres adolescentes; sin piedad y por venganza les privaron del derecho de la vida.
Fue llegando la hora de dejar atrás a Las Villegas y La Concordia, al llegar a la estación de buses, un imprevisto casi nos deja en la Concordia un día más, pero apelando una vez más al destino, partimos esa noche de domingo para la capital, quizás nuestra vida estuvo en riesgo, quizás no, pero la historia y la experiencia que nos dio ese pueblo, no la va a borrar ni el tiempo, ni la muerte inesperada. Esta es una historia más hecha reportaje que el destino se encargó de brindarnos, a través de mis ojos, las fotografías y cada una de las letras plasmadas en el presente escrito.


Caritas es un ministerio parroquial que realiza la obra social de la iglesia del Señor de la Ascensión en la Primavera, lleva ya 8 años de servicio a los pobres en el valle oriental de la cuidad de Quito con varios frutos en beneficio de los más necesitados.
Se a comentado que el periodismo y la publicidad tienen muchas cosas en comun, una de ellas es manejar una sola fuente y además interesada. En clases de perfiles del periodismo he recibido una crítica acerca de esto y pues lo que pude concluir despues de hacer un análisis de los medios de comunicación nacionales del Ecuador entre ellos; Teleamazonas, El Comercio, Ecuavisa, Ecuador TV y diario EL HOY donde se observa claramente que los periodistas no manejan a las fuentes si no que ellas los manipulan a su conveniencia, es que mediante la “noticia” se hace publicidad de ciertas instituciones o de ciertos personajes políticos, además que cada una de estas empresas informativas mantienen alianzas económicas con ciertas entidades de lucro; un ejemplo claro es Teleamazonas con el Banco del Pichincha y Ecuador TV que se dice llamar televisión pública, entregada en pleno al estado, en definitiva un canal estatal.
Sin ser sueño aun no despierto alejado del mundo tratando de encontrar el por qué, los motivos, solamente encontrar razones a entender la realidad.
La imaginación muchas veces nos ayuda a salir de ese mundo de apariencias que llamamos “realidad”, pero ¿por qué lo hacemos si de real no tiene nada? Solo piensa… los sueños son mucho mas reales, porque ahí dices y haces lo que piensas; lo que realmente quieres, sientes, odias, deseas; mientras en la “realidad”, mientes, no das la cara, aparentas lo que piensas, lo que sientes, como eres realmente… todo es falso. Y ¿A esto le llamas realidad?